Adolescencia Segun Freud

Si bien anteriormente el niño se situaba en una situación de dependencia respecto al reconocimiento por la parte de sus progenitores, ahora en el periodo de latencia pasa a ser un sentimiento propio de autovaloración devenido del manejo y control que tiene su escena elucubrar en la aprobación de los otros exteriores. La denominación de periodo de latencia es interpretado por Freud como la sepa de impulsos sexuales, no hay nuevas misiones instintivas. Más allá de que es verdad, por su corroboración posterior por otros autores, que se ha descubierto que en el periodo de tiempo de latencia se precipita la observación de ocupaciones voyeuristas, masturbatorias e incluso sadomasoquistas. La etapa anal es postulada a partir de la observación de aspectos de erotismo anal y del exitación en los pequeños que se deriva del acto de la defecación o de la retención de la materia fecal. En esta etapa que se articula a nivel dinámico la dualidad actividad-pasividad.

El joven, dice, no sólo debe liberarse de las ataduras que fueron tan esenciales durante la niñez; debe también abandonar sus anteriores metas y placeres más rápidamente que en otro intérvalo de tiempo del avance. El individuo comienza a compararse con otra gente para conformar su concepto de sí mismo y tener una imagen de su cuerpo; lo que prueba que los avances sociales también están somáticamente determinados; así como asimismo en un principio la posibilidad transitoria de entablar relaciones homosexuales hasta lograr combatir al sexo opuesto. Los desafíos de la contemporaneidad traen, por consiguiente, consecuencias en el proceso de subjetivación adolescente.

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Una segunda etapa, narcisista, donde el yo se da al ello como el objeto perdido, hay una sobreinvestidura de los recuerdos, de las representaciones y por lo tanto melancolia y anhelo por los objetos perdidos. Un pronunciamiento por la parte de la verdad, un juicio de vida que afirma que el objeto se ha perdido, y el yo se encuentra sin su objeto libidinoso. A esto se sigue un corte con la verdad de carácter defensivo que trae como resultado la escisión del yo como forma de sostener la ilusión de la presencia del objeto. El nombre familiar se deprecia de valor, los especiales infantiles se desmoronan; papá y mamá ya no son mucho más el medio asegurador que representaban, ni los garantes de aquello que parecían prometer.

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En otras palabras, la amistad infantil no se distingue de los amores infantiles. Es cierto que ellos tienen la posibilidad de ser importantes, los niños en el preescolar tienen «enamorado», o «enamorada», sin que el cuerpo que goza esté puesto en compromiso; sin embargo, Freud reconoció la presencia de una vida sexual en el niño, tanto como en el adulto, excepto que la realización de este deseo no pasa por el encuentro con el Otro en su diferencia sexual. En esta línea de razonamiento, paradójicamente, en una temporada en que la felicidad es una incesante exigencia para el sujeto, Kehl señala la depresión como un síntoma social. La autora destaca la influencia de estas especificidades del escenario de hoy en la elaboración de subjetividades y de padecimientos, aseverando que la sociedad moderna se identifica por la temporalidad acelerada, por el imperativo del gozo a cualquier valor, por la pérdida del valor de la experiencia y de la tradición, y por la debilidad de referencias de identificación. Sobre la cuestión de la estructuración del aparato psíquico, la autora refiere que uno de los efectos derivados de la velocidad que caracteriza la temporada actual es el encarecimiento de la imaginación y la existencia de sentimientos de vacío.

Es la identidad que necesita establecerse con un conjunto de valores y creencias que le confieren una ideología, que va a la búsqueda de unas misiones educativas y profesionales, y que se define en lo interpersonal mediante una orientación de género. El adolescente pasa de ser controlado, de manera pasiva, al deseo de supervisar cantidades mucho más significativas y abarcativas de todo el mundo que le rodea. De todos modos, como indicábamos con el péndulo, de ida y vuelta+, se produce en este campo, la ambivalencia, mostrándose igual para el varón para la mujer. En la adolescencia temprana y la adolescencia como tal se deposita una secuencia de predicamentos sobre las relaciones de objeto. Recuerdan a la niñez, por la necesidad del niño de ser amado que se fusiona solamente en forma gradual con la necesidad de ofrecer.

La Fase Anal

La reflexión sobre las marcas de la cultura en la constitución subjetiva del sujeto es tema de discusión en las mucho más distintas áreas donde la condición humana es foco de estudio y también interés. Interesa especialmente al Psicoanálisis por el valor que le atribuye a la singularidad de los procesos intrapsíquicos, y por la incesante dedicación a esa temática en la búsqueda de una entendimiento consistente y provechosa de los efectos oriundos de las transformaciones sociales, políticas y culturales en los campos intra e intersubjetivos. Anorexia y bulimia son trastornos alimentarios viables en esta edad, producto de insatisfacción con peso y también imagen y agobio, es una negación de la madurez sexual. Es requisito entender que hay un elevado riesgo en la adolescencia femenina, que hay una tendencia cultural hacia la delgadez, y que el joven precisa apoyo familiar y popular.

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En la adolescencia, según Rother Hornstein , el centro de las vivencias son las relacionadas al propio Yo, introduciendo el desafío de asumir un papel más activo en relación a su vida. En ese instante, el joven se depara con novedosas conquistas y con posibilidades de invertir en el futuro; por otra parte, se encara a la necesidad de hacerse cargo de intensas demandas psíquicas, biológicas y sociales que ocasionarán transformaciones, tanto en su mundo intrapsíquico, como en sus procesos interrelacionales. De este modo, el mundo pulsional se enfrenta a nuevos desafíos y posibilidades, patentizando en que medida están atadas las vicisitudes de sus inversiones a las condiciones de elaboración y metabolización de las intensidades psíquicas.

Psicología Clínica

Cuestan los pasos entre etapas en nuestra cultura más tiempo que en el resto. Este conflicto expuesto, expresa la transformación de los impulsos y la tendencia de situarlos en armonía con el Yo, el Yo ideal, el Superyó y la condición somática de la pubertad. Esta polaridad, actividad y pasividad, se pone en juego con el yo, con el mundo externo y con la relación de objeto. En este tiempo se desarrolla el Yo (constituido por el Edipo asimismo) y los instrumentos para conducir las pulsiones que se precipitarán en la etapa joven. Será capaz de repartir la energía pulsional a las construcciones físicas y mentales, no siendo sencillamente como una carga de la tensión y su posterior descarga.

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Durante la adolescencia temprana y la adolescencia como tal es conveniente que renuncien a los objetos primarios de amor. Hacemos referencia a los progenitores en la medida en que ocupen el sitio de objetos sexuales. Una vez más, observaremos el péndulo de ida y vuelta con respecto de las tendencias pasivas y activas. Por el polo materno, sigue suponiendo una atracción para el adolescente de los dos géneros. Asimismo concurre que algunos adolescentes adoptan ese rincón pasivo-ligado de la figura paterna, cuestión que le hace ingresar en la activa de las pulsiones homosexuales, que tienen la posibilidad de ser temporales o durables.

«Ábrelos, hombre frágil y lleno de orgullo, pobre hormiga que subes con contrariedad tu grano de polvo, te afirmas libre y grande, (…) ¡Tú, libre! Desde tu nacimiento, sometido a enfermedades paternales semilla de todos tus defectos (…). (…) Por grande que seas, fuiste más sucio que la saliva y lo mucho más fétido de la orina, sufriste metamorfosis como un gusano, viniste al planeta, casi sin vida, llorando, gritando y cerrando los ojos odiando ese sol al que en este momento llamas»23. La vida sexual y amorosa del niño se caracteriza por la sepa del aspecto de la alteridad3. Si bien la diferencia de los sexos puede ser conocida en lo imaginario, no es así en el chato del deseo ni del goce.