Como Se Controla El Poder De La Democracia

En su lugar, el vacío político lo llenaron radicales de clase media y el movimiento obrero que competían por el control sobre el MNR. En particular, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia , fundada en 1944, y la flamante Central Obrera Boliviana fueron actores clave en el Gobierno. Durante un breve período, al menos, es justo afirmar que estos controlaron efectivamente el Estado, desplazando los intereses elitistas. Al mismo tiempo, el Gobierno del MNR ingresó el voto universal –27 años antes que en el Perú–, lo que provocó un cambio considerable en la naturaleza de la política a favor de las masas que anteriormente habían quedado excluidas.

El ejecutivo había tomado el control del legislativo y este del poder judicial, y todos ellos estaban poco a poco más y mejor relacionados con los campos económicos influyentes. Como resultado, se había desarrollado una élite menos abundante y con bastante poder, llegando a diluirse los otros contrapesos y las capas intermedias de la sociedad. Durante décadas hubo cierto acuerdo generalizado en que esta descripción se acercaba mucho a la realidad, y se apuntó a esta élite como el mayor peligro que tendrían que enfrentar las democracias más adelante. Estudios a nivel subestatal —por ejemplo, equiparando la calidad de gobierno de docenas de zonas de europa— encuentran exactamente el mismo patrón. Y eso es esencial porque esa aptitud cambia enormemente en Europa, tal y como nos enseña la figura 1, que recoge los valores del European Quality of Government Index elaborado por el Quality of Government y la Comisión Europa cada tres años.

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Si ponemos a Mubarak, y a su gobierno, al frente de la administración danesa y a la primera ministra danesa, y a su gabinete, al frente de la egipcia, ¿qué país prestaría las mejores políticas públicas? Como recomienda Foweraker , el fortalecimiento de las instituciones democráticas en estos países, y en América Latina en general, va a depender de hallar la fórmula por medio de la cual las elites y los movimientos populares –separados por desavenencias sociales de profundas desigualdades– sean capaces localizar una meta común. Hasta entonces, la «profundización» democrática, o sea, la creciente participación de personas antes excluidas en la toma de resoluciones, topará con la constante oposición de las élites establecidas en el momento en que el poder de la voice desafíe el statu quo. En los últimos tiempos, el poder relativo de ambos campos –las élites empresariales y los movimientos sociales– ha cambiado de nuevo en los 2 países. Así, al paso que en Bolivia el neoliberalismo se ingresó gradualmente, en el Perú fue el resultado de un cambio de rumbo abrupto y extremista. En el primero, el Gobierno de Sánchez de Lozada buscó ingresar reformas que ayudaran a mantener políticamente el modelo, pero Fujimori, menos preocupado por crear consensos, recurrió a un modelo de gobierno poco a poco más personalista y autoritario.

Primero, los medios públicos dependen de los gobiernos de turno, en lugar de estar gestionados por profesionales. Seguidamente, varios medios privados reciben financiación enmascarada con apariencia de publicidad institucional, lo que puede afectar a su capacidad de interrogar apropiadamente a un gobierno. Y, tercero, los periodistas no disfrutan de una ley de acceso a la información comparable a la de los países más avanzados.

Integra una variedad temática, teórica y metodológica que se traduce en la producción de entendimientos humanísticos y sociales sobre América Latina y el Caribe. Son bienvenidos los estudios interdisciplinarios, las perspectivas comparativas y los acercamientos históricos sobre los inconvenientes de la región. La democracia también se prosigue esforzando a fin de que ningún conjunto social acumule poder de manera infundada, o en tal intensidad que ponga en riesgo a nuestra comunidad. El poder sigue siendo un fenómeno arriesgado que amenaza con provocar desequilibrios y corruptelas que impidan o dificulten el desarrollo de las sociedades. Para evitarlo se precisan, como vimos, instrumentos de control y métodos tasados y preestablecidos para su ejercicio, a la vez que estrategias de redistribución del poder.

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Pues tienen más aptitud para alcanzar la satisfacción de sus deseos, sean los que sean, y pueden aspirar a objetivos que antes estaban claramente fuera de su alcance. Sencillamente pueden adquirir lo que antes no podían, viajar más y disfrutar de un mayor rango de vivencias. Asimismo disfrutan de más ocasiones y capacidades para el ascenso popular e incluso podrían tener influencia cultural y política. Posiblemente hoy nos encontremos en una situación semejante, pues todavía tendemos a explicar los acontecimientos políticos aplicando criterios que nacieron y estuvieron vigentes después de la II Guerra Mundial.

Estos éxitos tienen la posibilidad de ser desde hallar grandes contratos internacionales a las “glorias” deportivas. No debemos olvidar que después de los éxitos en el deporte asimismo existen inversiones, programas de acción, instalaciones, etc., esto es, poder. Los liberales comprendemos que el art. 23.1 de la CE de 1978 da campo de acción para que el ciudadano participe “de manera directa en los asuntos públicos”, aparte de la vía de la representación política a través del derecho de voto en las selecciones; ya que la palabra “directamente” abre otras posibilidades, aparte de la idea legislativa habitual constitucional. En cualquier caso, la exposición de fundamentos del anteproyecto de ley de transparencia contribuye más causas lógicas y legales que justifican lo que hoy mencionamos. En particular, las zonas de los países de la Europa occidental, de la «vieja Europa» o de los integrantes mucho más veteranos de la Unión Europa, presentan unos escenarios de calidad de gobierno ostensiblemente mucho más elevados que los de las regiones de la Europa oriental, de la «nueva Europa» o de los países que se incorporaron a la UE tras la caída de sus regímenes comunistas.

Las políticas democráticas han desafiado el poder de las élites y estas no han dudado en recurrir a maneras de gobierno déspotas de derechas en el momento en que actores populares, singularmente partidos de izquierdas y la fuerza laboral organizada, les han desafiado. Los acontecimientos políticos recientes –especialmente en Brasil, pero también en otros sitios– detallan los límites de la aceptación por la parte de la élite de los giros hacia la izquierda. Particularmente, y tal y como resumen Carl Dahlström y Victor Lapuente en Organizando el Leviatán , los mayores niveles de calidad de gobierno se alcanzan en aquellos países donde los gobernantes rinden cuentas de manera directa a los ciudadanos, a través de elecciones regulares y libres, y donde, al tiempo, los empleados públicos no rinden cuentas de forma directa a los políticos. Pues, en el momento en que políticos y usados públicos argumentan a «jefes» diferentes —unos a los votantes y los otros a sus colegas de profesión—, desarrollan un interés en controlarse mutuamente. No es por consiguiente que la meritocracia lleve a tener mejores profesionales en el campo público.

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Se suponía que sucediese de esta manera por la ineficacia tanto de su modelo económico como de sus mecanismos de reparto de las ventajas. El poder se hacinaba en organigramas enormes y poco competentes, al tiempo que los ciudadanos solamente disfrutaban de él en su historia diaria. Estos ejemplos bastan para que nos demos cuenta de que la democracia actualizada no gestiona el poder buscando la igualdad estricta. Por una parte porque buena parte de la ideología política que pretende esta igualdad sostiene esta aspiración bajo el supuesto de que de esta forma eliminará el conflicto social y, por otro, por el hecho de que solo acumulando poder, o sea, generando desigualdad intencionadamente, se alcanzan objetivos como los que hemos señalado. Los sistemas igualitarios procuran sobrepasar este inconveniente eliminando cualquier concurrencia en la acumulación del poder que impida el monopolio estatal. Así crean enormes estructuras estatales asumiendo, como contrapartida, que la mayoría del poder no fluya hacia el pueblo, lo que significa no únicamente una menor participación política sino en general menos poder, que en un caso así se concreta en el déficit de libertades y en la pobreza.

La APRA, igual que el MNR en Bolivia, tenía una orientación antioligárquica y reformista, pero, en contraste al MNR, nunca logró el control del poder público. La izquierda en el Perú seguía siendo una fuerza electoral marginal, por lo menos hasta la década de 1980; aunque los partidos de derechas tampoco consiguieron afianzarse4. La soberanía nacional corresponde al pueblo español, es decir, todos los ciudadanos son sucesos del poder público y de él derivan los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Durante muchos años los indicadores de todo el mundo han señalado que entre los componentes que explicaban el éxito económico de un país se encontraba un sistema democrático.

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De esta forma, el Gobierno que tomó el poder en 2006, procedente de dichos movimientos sociales, se comprometió a aplicar un modelo de intervención estatal y defensa de la soberanía nacional, desoyendo las sugerencias políticas que procedían de Washington. Asimismo buscó cuestionar los sistemas de poder político que habían gobernado hasta mediados de la década de 1980 y también integrar sectores que antes habían sido excluidos en las funciones decisorias del Estado11. Este proyecto resultó ser problemático, de forma especial, bajo el Gobierno de Hugo Banzer, que volvió al poder como gobernante del país elegido en 1997.

Fue un pensador francés, el barón de Montesquieu, quien, ya hace bastante , formuló del modo en que llegó hasta nosotros el llamado principio de la separación o división de los poderes. Su teoría, expuesta por Montesquieu con genio y precisión en el libro El espíritu de las leyes , consistía en esencia en asegurar que para que el poder del Estado no pudiese ser usado por quienes en todos y cada caso lo ejerciesen en contra de la independencia de los particulares era necesario dividirlo internamente, de forma que fuese nuestro poder el que acabase frenando al poder. Las revoluciones liberales hicieron funcionales en la práctica las ideas teorizadas por el Barón de Montesquieu, siendo conque desde el comienzo los nuevos Estados constitucionales nacidos después de las revoluciones liberales organizaron sus poderes desde la división entre poder legislativo, ejecutivo y judicial. Según ella las Cortes En general ejercitan el poder legislativo, el Gobierno el poder ejecutivo y los jueces y tribunales el poder judicial.