Rafael De Paula Biografia

Entre ellos escritores, versistas, pintores,… Al primer torero que admiré fue a Juan Belmonte, al que conocí.

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Como el despiste que le costó la vida a Antonio Bienvenida… Estaba toreando en la casa de Mercedes Bernet, termina de torear la vaca, abre la puerta y una que había en los aledaños se mete y le da por la espalda. Fue el que trajo el temple al toreo. Esa altura, esa edad,… Fue capaz de desafiar a el Rey del Toreo que fue José Gómez Ortega, Joselito el Gallo. Hay que hablar siempre y en todo momento de los 2. Como sería Joselito que, cuando todo el mundo y también incluido Belmonte, le llegaba el agua al cuello, el andaba como por el patio de su casa. Son aquéllas que permiten el rastreo y análisis del comportamiento de los individuos en nuestra página.

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A raíz de este clamoroso triunfo, Rafael Soto Moreno empezó a salir de los circuitos regionales para transformarse en un líder incesante en las primordiales ferias del país. Así, no es de extrañar que esa majestuosa languidez que, muy de tarde en tarde, sabe imprimir al vuelo de su capote quede eclipsada en la mente de muchos apasionados por la opaca reiteración de su desidia y los espesos grumos de su temor. “En los artistas el dolor es prácticamente necesario”, escribe Jesús Soto en De negro y azabache, un reciente libro sobre De Paula. ¿Es Morante un torero de mal? Yo, en el momento en que logré torear bien es cuando he toreao con pena. Yo, pena, que es lo que me hizo llorar toreando, embargao por la pena”.

Todo tiene un principio y un final”. Pareciera que este gitano bergsoniano, que paró el tiempo toreando, hubiera intuido que en la mitad está el acierto, parar al toro en medio de la suerte, sin principio, sin final, sin tiempo. El cariño por su profesión prosigue vigente tras 46 años desde el momento en que tomó la opción alternativa en Ronda. El 25 de agosto aficionados y seguidores del torero Rafael de Paula arroparon al maestro en Málaga en la presentación del libro \’De negro y azabache\’, escrito por su hijo Jesús Soto de Paula. No obstante, y pese a este afortunado debut en el escalafón superior, el nuevo matador de toros solamente firmó contratos en las campañas de 1960 y 1961, en las que se sumió en un profundo bache del que no comenzó a asomar hasta el día 28 de junio de 1964.

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Siempre he tenido ese pensamiento. Era un hombre admirable, con una cara particular, digna de ser cincelada por Miguel Ángel en el Renacimiento. Era un hombre superior al resto. Adquirió en su historia una cultura extraordinaria, leía mucho. Fue el que revolucionó el toreo.

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Soy de los que piensan que el trabajo es salud y aún lo llevo a mis 66 años a la práctica pues en el campo se trabaja bastante. En este momento no se torea ni mejor ni peor. Los toreros son según las épocas. De cualquier modo, se nota la diferencia entre mi generación y las mucho más jóvenes pero ni mejores ni peores.

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Jesús Soto realizó una exposición poética sobre el origen de este trabajo y los personajes que aparecen en sus páginas. No me agrada calificar los toros como la Fiesta Nacional. Sentí una enorme opresión en la garganta.

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Tres días después ingresaba en prisión. Estuvo quince días en el penal de El Puerto. Luego vino el juicio, la condena de dos años y treinta días de cárcel y los elementos. Y forjando su leyenda como torero entre cimas y simas; luchando contra sus fragilísimas rodillas poco a poco más cargadas de placas y tornillos.

Su carrera estuvo infestada de avatares, pero también de contenido artístico. Los apasionados hallaron en Paula el refugio de un toreo único. Una lesión en las rodillas que arrastró toda su vida desde 1978 le impidió desarrollar todo su potencial como torero. El 14 de junio de 1989, fue condenado a dos años de prisión menor por un delito de inducción al allanamiento de morada, con intimidación. Me agradaría tener 30 años menos, estar en la arena de la plaza y dejarme llevar por el movimiento del animal.

Está escrito desde la visión de un aficionado del toreo. Además de esto, dado que se reparta el importancia por ejemplo figuras como Curro Romero o Antoñete me satisface, puesto que implica que no es producto de la pasión de un hijo hacia su padre. Anduvo muy desacertado aquella tarde el joven “Rafael de Paula”, preludiando los escasos momentos de genialidad que tenía que sugerir a la afición madrileña en toda su andadura profesional. Nuestro Juan Belmonte, desde la atalaya de su sabiduría taurómaca, alentó desde un principio la incipiente carrera de “Rafael de Paula”, en quien veía un torero en cierne capaz de conmover, como él lo había hecho en sus tiempos, los cimientos artísticos del toreo. Por encima de eso, soy torero.