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San Francisco De Javier Biografia

Su predicación era constante y tenaz, regresando una y otra vez con distintas medios hasta hallar transmitir la fe a la gente a que se dirigía. Su único equipaje eran su libro de frases y su incansable ánimo para instruir, curar a enfermos, estudiar idiomas extraños y bautizar conversos por millares. Dedicaba las noches a la oración y, si no lograba dormir, pasaba horas recostado al lado del sagrario.

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Verificó el maestro Peña la aptitud de atracción que probaba aquel vasco, ya que faltando a las discusiones dominicales, se llevaba consigo a estudiantes, para que confesasen y comulgasen en la cartuja. No obstante, lo que antes fue oposición y acusaciones de “seducción de estudiantes”, concluyó en reconocimiento por parte del rector Gouvea. En 1530, se había licenciado en Artes, obteniendo el grado de magister y también incorporándose al cuerpo de docentes. Ese mismo otoño inició su historia enseñante, pasando al instituto de Beauvais, por lo que recibía a cambio la comida y hospedaje. Desde esa novedosa posición intelectual, solicitaba al emperador Carlos el reconocimiento público de su hidalguía, junto con la de sus hermanos.

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Habrían de negociar una rendición honrosa, que pasaba por preservar la posesión sobre el castillo de Javier. Llegaba así, con el perdón del Emperador, el final de las consecuencias sombrías que la anexión de Navarra había causado a esta familia de los Jasso. Que viene de la iglesia de la Anunciación, donde hubo otra imagen del beato efectuada por Martínez Montañés, hoy desgraciadamente perdida, es parte de gran expresividad, con rasgos comunes del escultor de origen cordobés, rostro y pómulos señalados, y barba corta. Destacan asimismo sus ojos y sus manos, con un relicario en el pecho de manera elíptica que debió alojar una reliquia del santo de la orden, en el fuego ardoroso de su corazón misionero. Sigue el modelo establecido por un grabado de Teodoro Galaeo que ilustra la biografía de San Francisco Javier adecuada a Orazio Torsellini (“De Vita Francisci Xaverii”, Roma, 1594).

Poco a poco, Jesucristo fue ganando espacio en la vida de Javier, y en el momento en que termina sus estudios, ya decidió dedicar su historia a educar a el resto hombres la fe en Dios. El 7 de abril de 1506, Francisco de Jaso y Azpilicuetanació en el Castillo Xavier, ubicado cerca de Sangüesa, en el reino de Navarra (parte de la España actual). Era integrante de una familia noble, y tuvo una niñez privilegiada que, no obstante, fue interrumpida por la desaparición de su padre, tal como por esfuerzos externos para tomar el control de Navarra. En esa impaciencia constante por abrir nuevos horizontes sin haber empezado no a culminar los precedentes se comprenden los sentimientos del padre Francisco Javier. Si triunfaba en China, el futuro de la misión de Japón tornaría a mejores desenlaces. Mientras que confesaba su incapacidad para hacerse cargo del provincialato, consideraba que había llegado la hora de mandar jesuitas a las universidades del Japón, personas que se arriesgasen a padecer duras persecuciones.

Decidió salir hacia Malaca, mientras que escribía una extendida carta a Juan III. Afirmaba en ella contundentemente que los mayores inconvenientes para la expansión del Evangelio eran los oficiales reales portugueses. García Gutiérrez señaló el parecido del estudio del ropaje con la estatua de San Francisco Javier de Gregorio Fernández, de la iglesia de San Miguel de Valladolid en una imagen que en el año 2006 presidió en la Catedral el 500 aniversario del nacimiento del santurrón. Le acompañaba el mencionado padre Cosme Torres, el hermano Fernández y tres nipones que habían hecho los ejercicios en el instituto de Goa. Habían navegado en la nao de un comerciante chino, al que tuvo que obligar Francisco Javier a culminar el camino, frente a los deseos de la marinería de invernar en el puerto chino de Cantón.

El interés real se intentó canalizar en la fundación de un colegio temprano, el de Coimbra, cantera para la capacitación de misioneros premeditados a los lejanos territorios de la metrópoli. Quizás era mejor que estos misioneros renunciasen a la empresa de Indias y se estableciesen en Portugal. Era exactamente la misma filosofía que les había planteado Pablo III cuando les había dicho que buena Jerusalén era Roma cuando aquéllos manifestaron su deseo de peregrinar a Tierra Santa. Por este motivo, consideraron la posibilidad de que, pasado un tiempo, pudiesen ponerse predisposición del papa Pablo III en Roma y del trabajo apostólico que él considerase encomendarles.

El Castillo De Javier

Se sintió dispuesto a terminar con la ferocidad de unos hombres que eran cazadores de cabezas humanas —los alfuros—. Estuvo apunto de ahogarse en la mitad de aquella tempestad que calmó con un crucifijo que llevaba colgado en el cuello, deslizándose esta pieza entre los dedos en su contacto con el agua y cayéndose en el mar. Se libraron del naufragio, pero, de repente, un cangrejo sacaba ese crucifijo tan apreciado a la playa de entre las aguas con sus patas delanteras.

La palabra «javierada» se la inventó un obispo navarro, don Marcelino Olaechea. Figura básica de la Compañía de Jesús, da nombre en Sevilla a una fraternidad de penitencia y a una parroquia, estando que se encuentra en numerosas muestras del patrimonio artístico de la región. Este es el aspecto que ofrece hoy el cuerpo incorrupto de San Francisco Javier. El cuadro de Carlo Maratta “La desaparición de San Francisco Javier preside el altar de roma. Su cuerpo es conducido aGoa, donde llega en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa localidad. Evangeliza a los indios Paravas y recorre las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture.

Biografía De San Francisco Javier

En el momento en que regresó a Goa, le entregaron un mazo de cartas retrasadas que le habían ido escribiendo desde Roma. Conociendo que sus compañeros habían efectuado la profesión solemne, la pronunció igualmente, recortando sobre el artículo latino la firma con la que Ignacio de Loyola había concluido una de sus cartas. Una copia del texto de su profesión llevó siempre colgada al cuello dentro de una bolsa, como si se tratara de una auténtica reliquia. Poco a poco, Jesucristo fue ganando espacio en la vida de Javier, y al acabar sus estudios, decidió dedicar su historia a Dios y a enseñar el Evangelio por toda la tierra. Todos y cada uno de los que lo conocieron le describieron como una persona muy alegre y optimista, dispuesta a trasmitir a el resto la alegría que le generaba ser escogido por Dios para difundir su palabra. Retablo S Fco Javier en Santa Rosalía Del siglo XVIII es asimismo el retablo que conserva el convento de Santa Rosalía, obra del taller de Cayetano de Acosta efectuada para las monjas capuchinas que revela el patrocinio de algún devoto de la Compañía de Jesús.

Francisco era consciente –y de esta manera lo dejó escrito- de que los japoneses no abrazarían el cristianismo si antes no lo hacían los chinos. Impresionado por los jesuitas, el rey Juan III de Portugal solicitó la orden a fin de que los misioneros trabajen en su imperio. Aunque Loyola en un inicio escogió a otros para la tarea, Javier intervino en el momento en que un compañero sacerdote se enfermó. San Francisco Javier nació el 7 de abril de 1506, en un castillo cerca de Sangüesa en Navarra (una parte de la España actual). Con el aliento de su amigo Ignacio de Loyola, Javier se dedicó al servicio espiritual y se transformó en uno de los creadores de la orden jesuita. Pasó una gran parte de su historia atendiendo misiones en áreas como India y Japón.

El padre, doctor por Bolonia, era un señalado y primordial servidor de la dinastía del reino de Navarra, ejerciendo el cargo de presidente del Consejo Real. Su hermana Magdalena, a la que conoció solamente de oídas, había sido dama de la reina Isabel la Católica y, antes de 1506, había ingresado en el convento de las clarisas de Gandía, donde murió en 1533. Sus hermanos mayores, Miguel y Juan, con los que se llevaba once y nueve años respectivamente, fueron muy destacados en el bando opositor a la anexión realizada por Fernando el Católico. A los 31 años es ordenado sacerdote en Venecia junto a sus compañeros de la naciente Compañía de Jesús.

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El cuerpo incorrupto fue llevado en triunfo a Goa, donde sigue siendo venerado. El hermano Ferreira no se atrevió a acompañar al padre Francisco, lo que le valió la expulsión. Los portugueses abandonaban la isla de Sanchán, llevando consigo las últimas cartas que escribió el misionero jesuita. Pensó, aun, que los alemanes y flamencos que conociesen el castellano o el portugués eran los más adecuados para llevar a cabo esta misión.