Carlos Ii De España Biografia

Sus enfermedades y la preocupación por su salud hicieron que su educación pasara a un segundo término, de forma que a los nueve años hablaba torpemente, no sabía leer ni redactar y sólo podía contar hasta cien. El pequeño medró en el sombrío Alcázar de La capital de españa, sin compañía de chicos de su edad; su madre, Mariana de Austria, miedosa de cualquier percance, evitaba que practicase esgrima, equitación o cualquier actividad física. En el momento en que en 1665 murió Felipe IV, el futuro de su desmedrado hijo parecía de lo mucho más incierto; tanto, que, en 1668, el emperador Leopoldo y Luis XIV de Francia –el Rey Sol– acordaron el reparto de las posesiones españolas en el caso de defunción del monarca. Paralelamente a estos acontecimientos, en Europa se discutía arduamente acerca de la sucesión del trono español. En 1698 franceses y holandeses firmaron un convenio por el que José Fernando de Baviera, heredero designado por Carlos II, recibiría España, las colonias americanas, los Países Bajos y Cerdeña, el archiduque Carlos de Austria, el ducado de Milán y el Delfín de Francia el resto de los territorios italianos y Guipúzcoa.

Los años últimos del reinado de Carlos II estuvieron marcados por la locura del monarca, producto de las presiones políticas y las intrigas palaciegas, y por el problema sucesorio, a consecuencia de la inexistencia de hijos. Ante esta última cuestión se avivó una pugna por hacerse con el trono y con su herencia. La Corte se dividió en 2 bandos, por un lado la reina apoyaba al candidato austríaco, y por otro Carlos quien pensaba que solo el apoyo de Francia podía garantizar la conservación de la monarquía en su integridad territorial. Todo esto le hizo decidirse por Felipe, y sin ceder a presiones sostuvo su decisión hasta el final dejándolo por escrito el 2 de octubre de 1700 en el testamento que logró un mes antes de su muerte.

Manuel Azaña Díaz

Frente a los Borbones reinantes, la tiranía de los Austrias, manifiesta en hechos como la opresión de los comuneros o las distintas atrocidades denunciadas desde finales del siglo XVI por la Historia de historia legendaria Negra. Una España retrasada y dominada por el fanatismo, cuyo último gerente sería el degenerado Carlos II. En septiembre, tres meses después de que comenzaran los exorcismos, charló el demonio en La capital de españa, por boca de una posesa que refirió que nuestra reina se encontraba hechizada. El confesor y Tenda consiguieron que Mariana entregara a su marido una bolsa que, como hacía Carlos, llevaba al cuello y ponía bajo la almohada, y en cuyo interior se hallaron tierra y cabellos del soberano.

Tras el encuentro, la nueva Reina continuó en el Retiro hasta el 18 de enero, fecha de su Real Entrada. Desde el comienzo del matrimo­nio se temió que éste no pudiera ser fértil por algu­nos inconvenientes físicos de nacimiento que presentaba el Rey y que María Luisa de Orleans descubrió en su co­rrespondencia privada. Sin embargo, la Reina fue sometida a todo tipo de tratamientos que condujeran a un embarazo sin resultado alguno hasta que murió en 1689 a consecuencia de una peri­tonitis. Un par de días tras la declaración aristocrática, los Consejos de Castilla y de Estado resolvían el en­carcelamiento de Valenzuela, si bien advertían a don Juan que no avanzase sobre La capital de españa.

La investigación y el saber detallado de personajes, hechos, instituciones y procesos nos están dando permiso prescindir de los mitos amontonados sobre aquel período de la Historia de España. Por más que podamos estudiar y escribir, por muy numerosas que sean las pruebas reportajes que aportemos, me temo que para la mayor parte de la multitud Carlos II seguirá siendo el rey Encantado, su reinado el de la mucho más profunda caída y sus mandatarios el epígono de la degradación de la aristocracia en el poder. Solo la llegada de una nueva dinastía dejará que las cosas comiencen a mudar… Felipe IV y su familia según VelázquezLos retratos del monarca y su familia completados por el pintor sevillano se encuentran entre las obras mucho más resaltadas de la historia e la pintura universal. De este modo las cosas, Tenda advirtió que el monarca llevaba un saquito colgado del cuello, que guardaba bajo la almohada mientras que dormía.

La Frontera Marítima De La Monarquía La Marina De Carlos Ii

Menospreciado como un orificio negro en la Historia de España, el reinado del último monarca de los Austrias comienza a apreciarse bajo nuevos prismas, en frente de los mitos que lo han ensombrecido. Obra del año 1674 atribuida al pintor barroco español Alonso del Arco y en el que hace aparición retratado el cardenal Juan Everardo Nithard, asesor de la reina Mariana de Austria y quien llegó a alzarse con los cargos de obispo de Agrigento, cardenal de la Iglesia Católica, arzobispo titular de Edesa e Inquisidor General de España. Su triste figura, que contrasta con la del bizarro Carlos I, puede contemplarse en el espléndido retrato que de él hizo Claudio Coello para la capilla de El Escorial. Mariana de Austria, mujer poco avezada a los asuntos de Estado, se apoyó desde el principio de su regencia en su confesor, el jesuita alemán Everardo Nithard, a quien la reina encumbró hasta el puesto de Inquisidor General y integrante de la Junta de Gobierno desde 1666.

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Hasta entonces la guerra seguía en todos los frentes con serios reveses para los socios y especialmente para España en el frente catalán. Las continuas derrotas de la Liga dieron paso a las negociaciones de paz, que concluyeron con el acuerdo de Ryswick en 1697. Luis XIV devolvió todas las conquistas fabricadas en los territorios españoles después de la paz de Nimega. El monarca francés accedió tan generosamente a devolver los territorios ocupados por el hecho de que en toda Europa había empezado el movimiento diplomático para resolver la sucesión de españa, en el momento en que resultó evidente que Carlos II moriría sin herederos.

España Centro De Todo El Mundo 1519-1682

Pero la camarilla palaciega que mantenía al hermanas­tro era prestada y movediza. La solidez de sus apoyos dependía del grado de satisfacción que tuvieran las as­piraciones de los enormes que le habían encumbrado. De la unanimidad que parecía haber concitado entre los magnates la defenestración de Valenzuela, se pasa­ría progresivamente al malestar de la alta nobleza por la promoción de nobles de segunda a altos puestos de representación, desde los cuales pretendían competir con los grandes en preeminencia y poder. Don Juan, además de esto, había exteriorizado ciertos gestos cortesanos que causaron profundo malestar.

Esta solución separaba del poder a don Juan José de Austria, el hijo natural que Felipe IV había tenido con la famosa actriz de comedia María Calderón, la Calderona. El 6 de noviembre de 1675, fecha del cumpleaños del Rey, cada asesor y grande habitante en Ma­drid recibió una carta firmada por don Juan infor­mando que su hermano le había llamado a la Corte. Don Juan llegó al Alcázar, fue recibido como infante de España y sostuvo una entrevista con el Monarca. Tras ella, se alojó en el Buen Retiro mientras el Rey visitaba a su madre. La extendida conversación que man­tuvo durante dos horas con la regente acabó con sus proyectos de independencia. A las seis de la tarde, el duque de Medinaceli se dirigió al Retiro para entre­gar a don Juan una Real Orden que le instaba a mar­char a Italia de forma inmediata.

Ello provocó una exclusiva declaración de guerra contra Francia, a pesar del agotamiento español. El ejército francés invadió Cataluña, llegando a poner ubicación a Gerona, mientras la auténtica guerra se desarrollaba en Luxemburgo. Las victorias francesas en el frente alemán precipitaron la firma de la paz separada por el emperador y Holanda, socios de España, en 1684. España se vio de esta forma dejada y tuvo nuevamente que someterse a las exigencias francesas. El tratado de Ratisbona de agosto de 1684 entregó a Francia la plaza de Estrasburgo a lo largo de veinte años y la renuncia total de España a Luxemburgo, plaza que era la clave de la defensa de los Países Bajos, en lugar de la devolución de Courtrai y Dixmude.

José Fernando de Baviera murió en febrero de 1698 y esto produjo el definitivo enfrentamiento entre los partidos austriaco y francés, que apoyaban respectivamente al archiduque Carlos de Austria y a Felipe de Anjou como candidatos al trono. Los austriacos contaban con el acompañamiento de la reina María Ana y de Oropesa y tenían como cabecilla al embajador Harrach. Los franceses, representados por el embajador Harcourt, contaban con ayudas más sustanciales, como en cardenal Portocarrero, presidente del Consejo de Estado. En el momento en que en mayo de 1699 Oropesa fue apartado del poder a causa de los graves motines que la carestía de alimentos causó en La capital de españa, Portocarrero ha podido actuar a su antojo. Ya antes de cumplir la mayor parte de edad, el problema del matrimonio del rey se realizó prioritario, ya que se temía que Carlos muriera pronto o no pudiese engendrar dada su debilidad física.